viernes, 21 de enero de 2011

Recordando a la pequeña Lizeth


31 de octubre del 98, disfrazada de princesa lila saltaba feliz por los pasillos de mi casa… no había día más feliz que halloween, mi cumpleaños o navidad. Mi mama tan hermosa como siempre me disfrazaba, me maquillaba y hacia mis sueños realidad. ¡Era una princesa!
Felicidad multicolor al ver a los compañeritos y amigos dinosaurios, tigres, abejas, reinas, príncipes y piratas al subir al autobús! Era el paraíso en una cajita de cristal … gran día feliz en la escuela : Dulces + casa embrujada + baile = felicidad. Imposible de olvidar, cantar pies descalzos con shakira, o bailar el caballito de Carlos vives en la clase de danza del loco profesor Andrés.

Jugar en la rueda, coger sapos con Michelle, montarme en la copa de los árboles, jugar en la casa de muñecas , intentar sanar las heridas en las rodillas con hojas de laurel, ser una mamá muy responsable, y esa gran estudiante que solía ser. Ver las nubes en el pasto, jugar micos en el palo, chicle americano, tingo tango, a ser doctora u odontóloga. Jugar con mi mejor amigo de infancia, ese hombre inigualable : mi papá.

Ver el diario de Daniela, el laboratorio de dexter, vaca y pollito, el club 10 , yo soy la comadreja ….. Jugar con mafe a crecer, jugar con Andrés a ser niño , escondidas o congelados. Creer ser sirena, princesa, scout y exploradora…

Inhalo y regreso al ayer, esas mañanas que llenaban de sorpresa mi curiosidad. Creo que jamás la mate, sigue viviendo en mí la pequeña que caminaba por el prado lluvioso y arenoso. Esa niña exploradora que reía, que cantaba, que jugaba…. Si querida Lizeth , aun eres la misma loca que hace reír, que da nuevas esperanzas por las mañana tras una taza de café.

Ese niño interior es puro, es feliz, no se acompleja, miente con inocencia, ama de verdad, no cuenta calorías, ni deudas solo alegrías , ríe cuando quisiera llorar, ama rápido, olvida fácil, nunca mira el reloj …. Es el niño que jamás debemos matar, el que sigue su corazón y olvida a ratos su razón. En vez de acomplejarnos la vida y pensar todo el tiempo en dinero, en trabajo o en amor … hay que recordar al pequeño que le bastaba con ver el arcoíris y jugar con el sol, ver cada instante mágico , construir castillos con cubitos de papel, es ese niño pequeño pero fuerte , que nunca debemos perder.

Esta canción de Soraya me hizo recordar esa infancia, que me dejo el más hermoso regalo que conservo al interior del corazón: la pequeña Lizeth.


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